Publicado por Iván Alonso, el Lunes 13 de mayo de 2013

Los hados han querido que durante el último mes leyera o leyese dos novelas tan alejadas en ambientación como cercanas en sus detalles decorativos. Y algunos pensamientos me han asaltado durante sus lecturas, de particular importancia los relacionados con las ganas de arrancarme los ojos que dan sus lamentables traducciones al castellano, sus desvergonzadas ediciones y lo mucho que a posteriori traductores y editores tratan de dignificar sus profesiones. Como el blog es mío, aquí pagan justos por pecadores, el todo por la parte, y esas cosas.

El Sr. Penumbra y su librería 24 horas abierta (Mr. Penumbra’s 24-Hour Bookstore, de Robin Sloan)

Aunque esta anécdota no sume ni reste a la obra, gracias a que su escritor formó parte del equipo original de Twitter me enteré yo de su existencia, a través de algún perdido blog sobre desarrollo de software. Y de ahí el márketing, ya se sabe, puede hacer que esa información llegue a tus oídos quizá muy exagerada para llamar la atención sobre el autor.

En la novela, un diseñador/programador en paro (diría desarrollador-front, pero sólo me iban a entender los del gremio) acaba atendiendo el turno de noche de una librería abierta 24 horas, en la que parece que nunca compra nadie. Sólo algunos clientes, raros de por sí, vienen a recoger en préstamo aún más extraños libros, con sus textos codificados, conformando una trama de misterio que acaba con centenarias organizaciones secretas, guiños sencillos sobre tecnología y fan-service en forma de personajes geeks para esparcimiento del lector objetivo. Muy sencilla novela best-seller de consumo rápido. Todo correcto hasta aquí.

El señor Penumbra y su librería 24 horas abierta

Nos encontramos entonces con un personaje experto en efectos especiales que trabaja en la industria de luz y magia (por Industrial Light & Magic, probablemente la más conocida empresa del sector. Sólo hay que buscar en Google). Un amigo con quien el protagonista había compartido aficiones de jóvenes, y había sido su Máster de las mazmorras (título de educación superior que sustituye a Dungeon Master, que nunca se traduce). Chistes como “eso es algo tan conocido como el peso atómico del carbón” (por carbono, que ya hay que ser animal para confundir en inglés carbon y coal). Constantes meteduras de pata que te sacan de la narración y que habrían sido perfectamente solucionadas usando un arcano aparato de magia oscura como puede ser un ordenador conectado a internet.

16€ en castellano con esta traducción de rocaeditorial. En inglés 13 o 9,50, según la editorial, en la puerta de tu casa. En inglés incluso hay un efecto fluorescente en la portada.

Ready Player One (de Ernest Cline)

Uno de los grandes ventas del género fantástico durante el último par de años según tengo entendido (información sin contrastar que podría estar inventada; nunca lo sabrás, amigo lector), y gran exponente de lo que a mi entender va a convertirse en uno de los grandes nuevos géneros fantásticos durante la próxima década: la aventura dentro de un entorno virtual. Desde la seminal Tron hasta los actuales pequeños imperios multimedia del género como .Hack, Sword Art Online o este Ready Player One del que ya se habla de una película, intuyo que cada vez vamos a tener más obras ambientadas en estos dobles mundos reales y virtuales.

Ready Player One

Aquí un joven adolescente forma parte de la búsqueda de un tesoro dentro del más famoso juego/entorno de su tiempo, un no muy lejano futuro de crisis energética, dejadez social y pobreza generalizada, donde se compite por conseguir la herencia indicada en el testamento del anciano creador de este gran juego de juegos. Desde este punto de partida, toda la novela es un inmenso fan-service dedicado a la generación que creció durante los años ochenta (que fueron la infancia del fallecido), con continuas apariciones-homenajes-cuidado-que-bordeamos-el-pleito de naves espaciales, magos, dibujos animados, películas de John Hughes, música pop, juegos de rol, robots gigantes, videojuegos clásicos y un larguísimo etcétera. Todo muy pajeril, todo muy entretenido, pero fan-service al fin y al cabo; en su mayor parte son detalles que jamás aportan nada a la historia o a los personajes, pero ahí están. Lo que es la narración, sencilla y simple, homenaje a su vez a las historias de la época, con protagonista adolescente en el instituto, aventura y riesgo, enamoramiento de la chica inalcanzable y villano maniqueo. No se puede esperar algo distinto, y tampoco es que eso sea malo.

Pero. Pero. En un libro como este, es INDISPENSABLE que el traductor tenga conocimiento sobre la materia que está traduciendo, porque si no puede crear un desaguisado monumental. No puedes traducir Dungeons & Dragons a veces como Dragones y mazmorras y a veces como Mazmorras y dragones. No puedes decir que los gigantescos robots japoneses son mecanos en lugar de mechas. No puedes transformar a los replicantes de Blade Runner en réplicas. Y un largo y enervante etcétera. Por dejadez, hasta se les ha colado algún corta y pega y sustituye en todo el texto que ha dejado mayúsculas en mitad de determinadas palabras. Mala labor de traductor, nula labor de editor.

17€ en castellano, en esta horrenda traducción de Ediciones B. 8 en tapa blanda o 14 en tapa dura en inglés. Yo sabía a lo que me arriesgaba e iba a comprar el libro en su idioma original pero se me adelantaron y me llegó como regalo.

Si admitís un consejo de este, vuestro amistoso vecino: gastad el dinero en unas buenas clases de inglés. Tendréis mejores libros, mejores tebeos y mejores actuaciones en series y películas. Y en lugar de llorar el fallecimiento de narradores/dobladores (que es una pena, todo sea dicho), disfrutaréis de Eastwood y su “Go ahead. Make my day“, Schwarzenegger y su “Hasta la vista, baby“, James Earl Jones y su “I’m your father” o Sean Connery y su “Bond, James Bond“, así como de un trillón de libros como los que he mencionado más arriba… u otros mejores.

Categoría: Libros, Reseñas | #
Publicado por Iván Alonso, el Viernes 21 de diciembre de 2012

Winter Peanuts, de Adam Pinto

You know nothing, Charlie Brown. Peanuts vs Game of Thrones, de Adam Pinto

Categoría: Ilustración, Libros, Tebeos, Tv | #
Publicado por Iván Alonso, el Sábado 8 de diciembre de 2012

Hace poco terminaba de ver la primera — y, aparentemente, única — temporada de High School of the Dead, la serie de animación de Madhouse basada en el manga de los hermanos Daisuke y Shoji Sato, y sólo podía pensar en que la definición de fanservice se le quedaba corta. Este término, heredado precisamente del universo del manga y anime pero aplicado hoy día a casi cualquier obra cultural, trata de explicar esos elementos o escenas colocados ahí exclusivamente para complacer algún deseo oculto del espectador. No añaden nada a la obra o a su narrativa, pero satisfacen instintos.

En High School of the Dead (HOTD, con su propio acrónimo), los personajes son adolescentes inmersos en las clases de un instituto cuando comienza la invasión zombi, siguiendo todas las reglas y clichés del género sin vergüenza ninguna. Por supuesto en todos los aspectos HOTD raya en niveles de calidad muy altos — impecable técnicamente como todo lo salido del estudio Madhouse –, entretiene y emociona a partes iguales. Pero lejos de tomarse en serio a sí misma, ya desde su inicio comienza a deleitarse en prendas de ropa que se rompen en todos los personajes femeninos, lúbricas y neumáticas carreras con la cámara centrada en aquellas partes de la anatomía más turgentes, armas cada vez más grandes en una orgía de gun-porn, una cantidad contenida de sangre y vísceras — esto me hace pensar por un momento en el gore como uno de los géneros pioneros en el concepto de fanservice, pero lo dejaremos para conocedores del medio – y un largo etcétera. ¿Por qué? Porque es lo que el espectador tipo de esta serie realmente quiere ver. ¿Por qué no dárselo?

He intentado buscar una ilustración de High School of the Dead sin pechos, pero no la he encontrado.

Con estos pensamientos en la cabeza le di un revisionado a las primeras temporadas de Community, una de las mejores series americanas de los últimos años, y la amalgama de referencias a la cultura pop que impregnan cada capítulo se hicieron mucho más obvias. Mucho más de lo que ya eran, dentro de una serie también sincera consigo misma desde su impredecibilidad argumental. En Community el personaje de Abed es incapaz de percibir la realidad desde fuera de su particular perspectiva de amante del cine y la televisión, haciendo continuos paralelismos — chistes para el espectador — con la historia del medio, proporcionando un mayor grado de implicación emocional con el público. No añade nada — casi nunca — a la trama, pero entretiene a un tipo de espectador concreto. Desde este punto de vista, incluso la elección de Chevy Chase como parte del reparto es en sí mismo parte del fanservice, rescatando a una vieja gloria del humor televisivo. Todo está impecablemente medido en Community, consiguiendo una fidelidad inusual por parte del público, que percibe la serie como “algo suyo”. “- ¿Cuál es el sentido de la Navidad? – La primera temporada de Perdidos“.

Troy and Abed in the morning, en algunos finales de episodio de Community.

Al varón adolescente le damos zombis, culos, disparos y explosiones. Al treintañero amante de la televisión le damos continuas referencias a la historia del medio y cameos de actores de otras series. Entonces maduremos todos (los espectadores o lectores, como gran gremio conjunto de hermanos) y no nos ofendamos porque a las hormonadas adolescentes Crepúsculo les da vampiros redimidos en búsqueda de un concepto caduco y trasnochado de amor, porque eso es precisamente lo que quieren ver y lo que les gusta y complace. No nos llevemos las manos a la cabeza porque la comunidad s&m afirme que el comportamiento de los protagonistas de 50 sombras de Grey no es creíble, ya que no es eso lo que importa. No se busca credibilidad, no se busca realismo, se busca satisfacer a un tipo de público concreto con pequeños detalles que realmente no añaden nada, pero complacen a su consumidor haciéndole pensar que sí importan. Desde esa perspectiva, todas son grandes obras comerciales.

Taylor Lautner/Jacob ¿Tiene que quitarse siempre la camisa? Obviamente sí, es lo que se espera del personaje.

Categoría: Cine, Libros, Tv | #
Publicado por Iván Alonso, el Jueves 15 de noviembre de 2012

Es un proyecto de lectura tan válido como pueda serlo el de “todos los libros cuyos títulos no tengan la letra a“. Es decir, una excusa para leer. Leer más, no necesariamente mejor, pero al menos con un criterio de partida.

Desde 1953 se conceden los premios Hugo a las mejores obras en los campos de la fantasía y la ciencia ficción — es decir, son premios de género, vaya el aviso por delante –. Son votados por los visitantes (de pago) de la convención WorldCon y, dado que no existen normas escritas sobre qué califica a una obra para que esta sea considerada fantasía o ciencia ficción, más que el hecho de que sean propuestas para votación a principios de año, podría decirse que son unos premios bastante democráticos. No es que esto sea bueno o malo per se, pero explica algunas de las obras premiadas.

El logo es un cohete. Bien.

Existen numerosas categorías, aunque quizá las más importantes sean las de relato y novela, siendo esta última la que más me interesa a mí, que es lo que importa en este caso. Como peculiaridades, en 1954 y 57 no hubo premios de novela, pero desde mediados de los noventa se entregan también los retrohugos para solventar que haya habido ediciones de la WorldCon sin sus respectivos premios, habiendo “solucionado” ya los años 46, 51 y 54.

Por si fueran pocos libros, en al menos tres ocasiones se han producido empates de votos (66, 93 y 2010), teniendo estos años dos novelas ganadoras ex aequo. Y por si esto a su vez fuera poco, en ocasiones los premios han recaído en terceras, cuartas o quintas partes de alguna saga, lo que me obligará quizá a leerlas enteras. Por suerte la esperanza de vida de nuestra civilización es bastante alta.

Algunas contras tenía que tener este plan de dominación mundial: ciertos premios son inexplicables. En 1983 la cuarta parte de la saga de la Fundación de Isaac Asimov recibió el premio, obligándome a leer las tres anteriores, aparentemente de mayor calidad a tenor de las reseñas que he leído. En 2003 Homínidos, primera parte de una trilogía escrita por Robert J. Sawyer, un escritor de best sellers canadiense — el año que la convención se celebró en Canadá –. En 2001 fue para la cuarta parte de Harry Potter.

Pero teniendo en cuenta que se han entregado ya 65 premios Hugo de novela, creo que hay mucho y muy bueno que leer antes de llegar a las malas obras. Cinco libros de Heinlein, cuatro de Lois McMaster Bujold, obras creadoras de nuevos géneros como el Neuromante de William Gibson, clásicos de Clarke, Zelazny o Dick y un largo etcétera.

Existen otros premios, como el Philip K. Dick que se entrega desde el 1983, los premios Nebula desde el 66 (considerados junto a los Hugo como los más importantes), los entregados por la revista Locus desde 1971, el John W. Campbell Memorial desde 1973 o, más cercanos, los premios Ignotus a la mejor novela española y extranjera, desde 1991. Cualquiera de ellos sería perfectamente válido como proyecto de lectura y, en ocasiones, incluso coinciden: Pórtico, de Frederik Pohl ganó los premios Hugo, Locus, Nebula y John Campbell Memorial. Neuromante de William Gibson ganó Nebula, Dick y Hugo. Y así un largo etcétera.

¿No es un proyecto de lectura fabuloso? En esta página iré apuntando los que vaya leyendo. Avisad si tenéis alguna recomendación especial.

Categoría: Blog, Libros | #
Publicado por Iván Alonso, el Lunes 12 de noviembre de 2012

Meh.

Gran potencial y escaso desarrollo, eso es lo que me viene a la mente tras terminar la lectura de Pórtico (Gateway, Frederik Pohl, 1977), ganadora de los premios Hugo, Nebula y John W. Cambell Memorial del año siguiente.

Descubierta en el sistema solar una estación espacial alienígena abandonada mucho tiempo atrás, la humanidad se organiza para utilizar las herramientas y lanzaderas encontradas e intentar explorar el espacio con instrumentos incomprensibles e impredecibles. Así, cualquier viaje se convierte en un juego de azar donde los tripulantes de cada lanzadera no saben a dónde viajarán, cuánto tiempo tardarán o incluso si llegarán a volver.

Portada de la edición original, por Boris Vallejo. Ni punto de comparación con lo que tenemos hoy en día.

Pese a tener un punto de partida a priori muy apto para una novela de ciencia ficción hard, se convierte en una novela soft donde deberían primar la construcción de los personajes y sus relaciones. Por desgracia se pierde en plantear situaciones repetitivas y un elenco de secundarios confusos y perfectamente intercambiables entre ellos, e interrumpe constantemente la narración con pequeños anexos a modo de carteles encontrados en la estación Pórtico, que en ocasiones no añaden nada al trasfondo y rompen el flujo de lectura.

La narración se alterna entre las vivencias del protagonista desde que consigue pagarse un billete a la estación espacial y las sesiones de terapia con un psicólogo robótico tras su vuelta, siendo esta estructura probablemente el mayor acierto de la novela. El personaje en un principio no es más que una excusa para identificar al lector, poca educación para que pregunte todo y nosotros nos enteremos, paga el viaje con un premio de lotería que explica que no tiene a dónde volver ni dinero, sin familia… trucos muy obvios y poco elegantes. Por suerte estos diálogos con su terapeuta nos van descubriendo algo más del personaje a cada capítulo, mejorando la mala impresión inicial.

Sorprenden algunas circunstancias de la novela, como la constante sexualización de cada situación, hasta que el lector llega a preguntarse si no habrá otra forma de sublimar las energías cuando uno está en el espacio. 35 años después de ser escrita, clama al cielo que alguien llegue a plantearse siquiera que se pueda fumar en una lanzadera espacial.

Probablemente sea el final el mayor Meh de toda la narración, terminando en una gran nada que no mejora la impresión insustancial de las páginas precedentes. Aparentemente fue continuada por otras tres novelas que exploran y explotan el mundo construido en esta primera, pero habiendo visitado esta primera parte, creo que se quedarán sin leer.

Categoría: Libros | #
Publicado por Iván Alonso, el Domingo 28 de octubre de 2012

Aunque es de buen ciudadano no justificarse en cada una de las opiniones que viertes al mundo, voy a empezar este texto explicando la razón por la que es posible que mi opinión sea más negativa de lo que debiera. Vaya por delante el aviso a navegantes de que quizá podría (o no) haber algún tipo de spoiler en las próximas líneas. No quieres arriesgarte, no leas.

En general no me gustan los finales tristes. Sí quizá en cine, donde todo es más visual y donde sólo has tenido un par de horas a lo sumo para implicarte emocionalmente con los personajes. En literatura hay muchas páginas y mucho tiempo para lograr esa implicación. En el género fantástico, donde parece que pagasen por número de páginas a los escritores, y donde ya nadie sabe o quiere saber cómo escribir una buena historia en 200 páginas, pasas por ocho libros a lo largo de un año de lectura. Soy firme partidario del viaje del héroe clásico, con todas sus etapas, incluyendo la vuelta al hogar, la utilización de los conocimientos adquiridos para ser mejor persona, y volver a relacionarte con tus congéneres. Y eso, aquí, no pasa. Y no me gusta, aunque soy consciente de que a muchos otros lectores podría encantarles.

Geralt de Rivia, protagonista de El último deseoLa espada del destinoLa sangre de los elfosTiempo de odioBautismo de fuegoLa torre de la golondrina, y La dama del lago (1 y 2)

Geralt, el rivio, el brujo, el mutante, el cazador de monstruos. Personaje lacónico, taciturno. Es el personaje clásico de la literatura de fantasía, y aquí no hay mucho más que rascar. Es en el tratamiento del entorno donde Sapkowski brilla, dándole la vuelta a las historias clásicas de los cuentos centroeuropeos para añadirles nuevos niveles de complejidad, proporcionando argumentos y comportamientos a personajes anteriormente vacíos. Así se crean los dos primeros tomos de la saga, a mi gusto los mejores, libros de cuentos cortos que revisitan lugares conocidos: la bella y la bestia, los enanos de blancanieves, y muchos otros son transportados a un mundo más realista y maduro, donde nos sorprenden las razones de sus comportamientos. ¿Qué fue antes, el Geralt de Sapkowski, las Fábulas de Bill Willingham, el Shrek de Dreamworks? Entre estos Geralt, por supuesto, por una década de antelación, pero no es a eso a lo que voy. Revisitar los cuentos clásicos para darles un empaque moderno es algo que se lleva haciendo muchos años.

Del tercer tomo en adelante empieza, sin embargo, una saga que debería ser considerada como un único libro muy largo, dada la escasez de puntos de inflexión narrativos, y la falta de una estructura con desenlaces en cada uno de los tomos. Pero, a la larga, las verdaderas virtudes de la obra se alzan también como sus defectos. Sapkowski hace gala de excepcionales recursos para narrar la historia, introduciendo continuamente nuevos personajes a modo de narradores temporales, utilizando inteligentemente flashbacks y flashforwards para darnos pistas de lo que está sucediendo, e introduciendo un elenco de personajes secundarios interesantes. Planos, pero interesantes. Estos nuevos puntos de vista de la historia se van alargando, desde cortos capítulos hasta historias completas de más de 50 páginas en los últimos tomos, lo que dificulta el avance en la lectura al introducir una tremenda cantidad de paja innecesaria. Incluso se permite el autor realizar una elegante reconstrucción del concepto de la “compañía de héroes” que acompaña al protagonista, pero cayendo en los mismos tópicos del género que sería deseable evitar. Queda rodeada la historia de múltiples personajes cuya motivación desconocemos, planos ellos en su toma de decisiones, cual Gimli y Legolas cualquiera. Únicamente Jaskier, el trovador, bardo y poeta, parece tener intereses propios, una historia, un argumento.

Y llegados al final argumental, cuando todo se ha liado tanto que ya no sabemos qué historia estamos leyendo — ¿La búsqueda de Ciri? ¿El tiempo de odio? ¿La guerra con Nilfgaard? ¿la llegada del frío blanco y el lobo blanco? — cuando caemos en el peor defecto de la saga. Lo solucionamos todo en un único capítulo deshaciéndonos de todos los personajes de los que no tenemos nada que contar, y con dos deus ex machina de libro. El emperador llega de la nada. Cuenta una historia inverosímil. El emperador se va sin saber por qué. El sentimiento de vacío al ver que tantas cosas se van a quedar sin tratar es indescriptible. La guerra termina. No hay frío blanco, ni lobo blanco, ni los personajes protagonistas tienen papel alguno en el gran esquema de los acontecimientos. Quizá sólo yo pensaba que fueran a tenerlo.

Tendremos aún dos capítulos más a modo de epílogos donde recordamos a los personajes, grandes o pequeños, importantes o superfluos, que han ido poblando las páginas de estos ocho volúmenes. Y un último final, posterior a aquel primer final, donde, por si teníamos alguna duda, apuntalamos la narración con la única solución que nos permite no tener que solucionar nada más. Todos mueren. Fin.

No puedo evitar sentirme… engañado. Como si me hubieran robado algo que debía estar en la historia. Igualmente no puedo evitar pensar que quizá la culpa es mía, porque esperaba cosas distintas a las que me estaban dando, cual espectador de Lost. Quizá lo que veo como defectos sólo sean conclusiones desacertadas al comparar lo que hay con lo que podría haber. Hay muchas cosas muy positivas entre las páginas de estos tomos, y su lectura es indicada para cualquier aficionado al género, sin lugar a dudas, pero no me atrevería a recomendarla a lectores no acostumbrados al fantástico. En cualquier caso, aunque me parezca una historia mejorable, hay algún lugar recóndito y pequeño dentro de mí en el que sé que echaré de menos a Geralt, a quien he acompañado durante muchas páginas en un viaje realmente curioso.

El tema editorial, los retrasos en la publicación, las historias sobre el bloqueo creativo de un traductor que mientras tanto traducía otras obras del mismo autor, la decisión de dividir el último libro en dos, la creación de una segunda editorial paralela para publicar los mismos libros en el mismo formato con otra portada distinta, y que se publicaran los libros restantes sólo cuando también le tocaba a esta nueva editorial, son temas que dejaremos para los foros de literatura de género, donde la gente se entretiene en evaluar y discutir estos temas, y cómo afectan a la confianza del comprador para con las siguientes publicaciones de la editorial.

 

Categoría: Libros | #
Publicado por Iván Alonso, el Miércoles 23 de marzo de 2011

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Categoría: Cine, Libros | #
Publicado por Iván Alonso, el Domingo 22 de agosto de 2010

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Vía See Mike Draw

Juraría que ya había dicho que no iba a postear nada más sobre Crepúsculo…

Categoría: Cine, Humor, Libros | #
Publicado por Iván Alonso, el Martes 23 de febrero de 2010

De los dineros que he gastado este mes, mis recomendaciones son:

The Immortal Iron Fist, con guiones de Ed Brubaker y Matt Fraction, arte principalmente de David Aja y otros (hay muchos flashbacks a distintas etapas de la historia, cada una por un artista invitado). Me he hecho con los primeros tres tomos, a saber: The Last Iron Fist Story, The Seven Capital Cities of Heaven y The Book of Iron Fist. Una media de unos diez euros por tomo con gastos de envío gratuitos en BookDepository.

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También es cierto que los recomiendo con ciertas reservas. El primero es magistral, toda una revisión del personaje perfecta para quien no lo conozca, el segundo ya no es tan bueno, pero ayuda a construir un gran trasfondo de personaje de modo único (separado del resto del Universo Marvel tradicional) y el tercero lo tengo por terminar pero son principalmente números sueltos y especiales fuera de la colección madre, por lo que queda a la elección de cada uno leerlo o pasar de él.

Y como recomendación para los informáticos, dos libros de Joel Spolsky: Joel on Software y More Joel on Software. Básicamente son compendios de artículos publicados en su blog, Joel on Software (qué casualidad). Estos me acaban de llegar hoy pero ya había leído algunos textos con anterioridad, así que me atrevo a recomendarlos de antemano. Rondando los 16 euros por libro, puestos en casa.

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¿Quién es este Joel y por qué me deberían interesar sus libros? [Wikipedia] Es el fundador de Fog Creek Software, cuyo trabajo más conocido sea probablemente la increíblemente útil página de Stack Overflow, que sirve para resolver dudas a otros programadores y crearte un currículum en el camino, validado según la opinión de tus semejantes, lo que hace que tu perfil esté pre-validado de cara a futuros empleadores.

De todos modos (que estoy divagando) su fama no viene de ahí, sino de haber creado la empresa en sí misma, una empresa cuya filosofía es: si haces de esta empresa un lugar donde la gente quiera venir a trabajar, vendrán los mejores profesionales. Los estándares de trabajo incluyen mesas regulables en altura, sillas ergonómicas de 900$, dos monitores por persona (30 y/o 21 pulgadas cada uno), cuenta libre en Amazon para encargar libros técnicos para la biblioteca, y zonas comunes como salón con televisión de plasma o cocina con una cafetera de verdad… como las de los mejores bares. Dan de comer cada día a todos los trabajadores, y la mayoría de ellos tiene oficina privada con ventanas al mundo real (y sigo hablando de programadores). Nunca han aceptado inversores externos, sino que han crecido exclusivamente con los beneficios que dan sus propios productos. Básicamente, ha creado la empresa en la que cualquier ingeniero querría trabajar. Y además sus opiniones suelen estar bien fundamentadas, así que vale la pena leerlas.

Categoría: Compras, Informática, Libros, Tebeos | #
Publicado por Iván Alonso, el Lunes 22 de febrero de 2010

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Categoría: Libros, Mundo Real™ | #