Del mismo director que nos trajo Summer Wars en 2009 (película de la que habría que hablar largo y tendido, relacionada también con ese nuevo género acerca de las aventuras dentro de entornos virtuales que mencionaba en el post anterior) tenía pendiente su anterior obra, La chica que saltaba a través del tiempo, basada en una novela de ciencia-ficción de uno de los más conocidos autores japoneses del género.
Hagamos aquí un inciso: bastante que sabía que estaba basada en una novela, fijaos lo que se descubre con hacerle una visita a la wikipedia. Tenéis en vuestras manos el repositorio de conocimiento más amplio de la historia de la humanidad y sólo lo utilizáis para buscar fotos de Sofía Vergara. Vergüenza debería daros. Fin del inciso.
Ya hemos mencionado anteriormente en esta santa casa al estudio productor de esta película: Madhouse, que está realizando durante los últimos años algunas de las mejores obras de anime que se puede uno echar en cara. Aquí, como es habitual, la factura técnica de la película es casi impecable. Cualquier pega que le podamos encontrar (quizá la animación en los planos más alejados queda un poco desdibujada) queda eclipsada con, por ejemplo, su estupenda banda sonora.
Pero es sin duda en su narrativa pausada y emotiva donde la película brilla. Nos cuentan como una joven alumna de instituto descubre por azar una misteriosa capacidad para saltar cortos intervalos hacia atrás el tiempo, convirtiendo esta habilidad en su forma de alargar los buenos momentos, repitiéndolos, e intentando corregir los malos, con los problemas que esto acaba ocasionando a la larga. El karma es lo que tiene. Si a ti no te pasa nada malo ya le pasará a otro. Hacia el final la tragicomedia se vuelve profundamente dramática con un par de escenas que te dejan el corazón en un puño, como debe ser. Vedla y disfrutadla.
Publicado por Iván Alonso, el Domingo 23 de diciembre de 2012
Mucho mejor título para el post que cualquier “Los mejores del año” y similares, dónde va a parar. Es en mi caso una lista tramposa, porque voy a contracorriente de las novedades del mercado: aún no he jugado a un sólo videojuego que se haya publicado durante el 2012, llevo más de un año de retraso con cualquier tebeo episódico y hace tiempo que no he leído novelas de hace menos de veinte años para acá, y es que a veces soy tan hipster que me paso por el extremo contrario. Sin poder opinar aún de muchas cosas que quizá si llamen mi atención — ¿por qué aún no he visto Cabin in the Woods? –, estrenadas durante los últimos meses, os dejo esto, que es de lo bueno lo mejor, de lo mejor lo superior:
Tras algunos ensayos con mayor o menor acierto en forma de las películas previas de cada uno de los personajes protagonistas, Marvel Studios se reafirman como los únicos capaces de entender de qué va esto de los tios en mallas de colores, haciéndonos llorar por dentro por los derechos malvendidos de Spider-Man y X-Men a otras productoras. Meándose por el camino en la impostura y el dramatismo forzado de cada escena de Christopher Nolan y su Hamlet vestido de murciélago, Joss Whedon se consagra por fin con la dirección de un blockbuster que contenta a crítica, público y estudios. La película divierte, emociona, respeta al fan y llena de colorido nuestros adolescentes corazones viendo cómo Hulk y Thor se cascan. Whedon is my master now.
En un futuro cercano, en el que las conexiones a juegos online se realizan mediante dispositivos totalmente inmersivos — ves, oyes y sientes lo que le ocurre a tu personaje — el día de estreno del juego más esperado de la temporada todos los jugadores descubren que no pueden desconectarse. Su megalómano creador lo ha trampeado para que nadie pueda salir de él hasta que terminen todos sus retos y, mientras tanto, una muerte en este mundo virtual significará la muerte de tu cuerpo físico en el mundo real. Mientras esperamos con ansia que alguien invente algo parecido — ¿a qué esperas Google? Déjate de gafas e invierte en algo así –, nos contentamos con las aventuras de Kirito, el jugador protagonista, y su determinación por terminar el juego. La serie, espectacular como pocas y tremendamente inmersiva para quienes nos hemos dejado nuestras horas nocturnas machacando cabezas de orcos en mundos ficticios, avanza por derroteros sorprendentes, cambia del mundo real al virtual, va añadiendo drama, romanticismo adolescente, aventuras, secuestros, inteligencias artificiales, clanes de jugadores y dragones esqueléticos. Todo BIEN.
No llegó a España hasta el 28 de Diciembre de 2011, por lo que no veo descabellado considerarla como película de este año. Una gran dirección estética desde todos los ángulos posibles (fotografía, montaje, música, ritmo narrativo, todo es excepcional). Y The Gosh. Porque si algún tipo duro aún no aceptaba que Ryan Gosling se ha convertido en el nuevo modelo de masculinidad, tras Drive ya no queda argumento posible. Lo explicó Jesús Terrés en Nada Importa, léanlo y aprendan. Sobre la película, otros han escrito más y mejor que yo, y tiene mucho sobre lo que opinar. Busquen.
Un director novel, actores desconocidos, un videoclip de hora y media que retrata y acentúa el concepto de “La fiesta”, como bien explicaba @AlvaroMortem en su blog Sky Was Pink. Una excepcional banda sonora que enmarca las escenas más salvajes del único modo que se puede hacer — grabando la fiesta en sí misma –, pese a que habrá pasado desapercibida para muchos, que la habrán tomado como un simple ejercicio visual o una gamberrada adolescente, siendo ambas cosas y más.
Publicado por Iván Alonso, el Miércoles 12 de diciembre de 2012
Veo el trailer del remake de Desafío Total (Total Recall, 2012) protagonizada por Colin Farrell, Jessica Biel y *ay* Kate Beckinsale y me emociono. Luego veo la película y se me viene el mundo al suelo. Tres cuartas partes del film son una orgía visual desatada y excesiva, un diseño de producción de Blade Runner mal entendido que mantiene la atención apartada del argumento con coches flotantes, putiferio robótico y luces por doquier. Sin embargo, ante un espectador motivado mantiene el tipo con la incógnita de cuánto tendrá de diferente con la maravillosa versión original de Schwarzenegger dirigida por Paul Verhoeven (Total Recall, 1990).
Llega entonces el último acto y el castillo de naipes se viene abajo con una retahíla de decisiones injustificables, villanos de opereta que explican su plan, planes de invasión que no tendrían sentido ni en el más absurdo de los tebeos americanos de los noventa, y una gran explosión (eso BIEN). Uno sólo puede echar de menos los tiempos en los que el cine de género era cine de género, y no intentaba contentar a espectadores fuera de su nicho.
El protagonista es Colin Farrell, pero me da igual.
Desalentado por este aparente fracaso, me refugio en Cowboys & Aliens (2011). La premisa es perfecta: los marcianos llegan a la tierra en la época de la conquista del oeste americano. Naves espaciales, lásers, escopetas, indios y caballos. Y Olivia Wilde. Todo ello dirigido por Jon Favreau. Sólo podría tener más puntos a favor si también apareciesen ninjas y dinosaurios, pero tampoco hay que abusar. Y una vez en marcha… la desolación. Actores sobreactuados, escenas de acción mal llevadas, media docena de personajes que sobran, un cambio de motivación del protagonista a mitad del metraje, personajes que resucitan en un deus ex machina vergonzante y… trato de ser positivo, pero no es sencillo.
Daniel Craig y Olivia Wilde en Cowboys & Aliens
No hablaré hoy en este lugar de Prometheus (2012) porque, aunque recuerdo salir del cine con una horrenda impresión, ciertas cosas dejaron un poso que estuve rumiando durante varios días, detalles que podrían convertirse en un gran SÍ entendiendo la película como primer episodio de una saga. Necesito un revisionado con calma antes de volver a ella.
En cualquier caso, con todas estas premisas, ¿qué esperar del After Earth de Shyamalan con Will Smith y familia?
please install flash
¿Qué esperar del Oblivion de Tom Cruise y Morgan Freeman?
Publicado por Iván Alonso, el Sábado 8 de diciembre de 2012
Hace poco terminaba de ver la primera — y, aparentemente, única — temporada de High School of the Dead, la serie de animación de Madhouse basada en el manga de los hermanos Daisuke y Shoji Sato, y sólo podía pensar en que la definición de fanservice se le quedaba corta. Este término, heredado precisamente del universo del manga y anime pero aplicado hoy día a casi cualquier obra cultural, trata de explicar esos elementos o escenas colocados ahí exclusivamente para complacer algún deseo oculto del espectador. No añaden nada a la obra o a su narrativa, pero satisfacen instintos.
En High School of the Dead (HOTD, con su propio acrónimo), los personajes son adolescentes inmersos en las clases de un instituto cuando comienza la invasión zombi, siguiendo todas las reglas y clichés del género sin vergüenza ninguna. Por supuesto en todos los aspectos HOTD raya en niveles de calidad muy altos — impecable técnicamente como todo lo salido del estudio Madhouse –, entretiene y emociona a partes iguales. Pero lejos de tomarse en serio a sí misma, ya desde su inicio comienza a deleitarse en prendas de ropa que se rompen en todos los personajes femeninos, lúbricas y neumáticas carreras con la cámara centrada en aquellas partes de la anatomía más turgentes, armas cada vez más grandes en una orgía de gun-porn, una cantidad contenida de sangre y vísceras — esto me hace pensar por un momento en el gore como uno de los géneros pioneros en el concepto de fanservice, pero lo dejaremos para conocedores del medio – y un largo etcétera. ¿Por qué? Porque es lo que el espectador tipo de esta serie realmente quiere ver. ¿Por qué no dárselo?
He intentado buscar una ilustración de High School of the Dead sin pechos, pero no la he encontrado.
Con estos pensamientos en la cabeza le di un revisionado a las primeras temporadas de Community, una de las mejores series americanas de los últimos años, y la amalgama de referencias a la cultura pop que impregnan cada capítulo se hicieron mucho más obvias. Mucho más de lo que ya eran, dentro de una serie también sincera consigo misma desde su impredecibilidad argumental. En Community el personaje de Abed es incapaz de percibir la realidad desde fuera de su particular perspectiva de amante del cine y la televisión, haciendo continuos paralelismos — chistes para el espectador — con la historia del medio, proporcionando un mayor grado de implicación emocional con el público. No añade nada — casi nunca — a la trama, pero entretiene a un tipo de espectador concreto. Desde este punto de vista, incluso la elección de Chevy Chase como parte del reparto es en sí mismo parte del fanservice, rescatando a una vieja gloria del humor televisivo. Todo está impecablemente medido en Community, consiguiendo una fidelidad inusual por parte del público, que percibe la serie como “algo suyo”. “- ¿Cuál es el sentido de la Navidad? – La primera temporada de Perdidos“.
Troy and Abed in the morning, en algunos finales de episodio de Community.
Al varón adolescente le damos zombis, culos, disparos y explosiones. Al treintañero amante de la televisión le damos continuas referencias a la historia del medio y cameos de actores de otras series. Entonces maduremos todos (los espectadores o lectores, como gran gremio conjunto de hermanos) y no nos ofendamos porque a las hormonadas adolescentes Crepúsculo les da vampiros redimidos en búsqueda de un concepto caduco y trasnochado de amor, porque eso es precisamente lo que quieren ver y lo que les gusta y complace. No nos llevemos las manos a la cabeza porque la comunidad s&m afirme que el comportamiento de los protagonistas de 50 sombras de Grey no es creíble, ya que no es eso lo que importa. No se busca credibilidad, no se busca realismo, se busca satisfacer a un tipo de público concreto con pequeños detalles que realmente no añaden nada, pero complacen a su consumidor haciéndole pensar que sí importan. Desde esa perspectiva, todas son grandes obras comerciales.
Taylor Lautner/Jacob ¿Tiene que quitarse siempre la camisa? Obviamente sí, es lo que se espera del personaje.
Publicado por Iván Alonso, el Lunes 26 de noviembre de 2012
Me entristecen los diálogos vacíos sobre cine de género, los “qué mala es” porque la protagonista no es una niña con cáncer adoptada por una madre soltera y luchadora, me ofenden los “es mala pero te ríes” y, dependiendo del día, incluso los “ni la he visto ni la veré” porque cruzándose en la narración principal se solapan un par de galletas bien dadas al malo de turno. Decepciona que tantos espectadores no vean la otra narración, llevada únicamente por las hostias como panes.
El año pasado Steven Soderbergh firmaba Indomable (Haywire, 2011) un thriller de acción y espionaje plagado de estrellas con todos los clichés del género. Michael Douglas, Antonio Banderas, Ewan McGregor, Michael Fassbender, y una Gina Carano que a los cinco minutos de metraje le estampa la cara a Channing Tatum contra la barra de un bar. Repetidas veces. Marcando desde el principio el tono general de la película, como debe ser; sube al espectador en una montaña rusa y ya no pares.
Michael Fassbender y Gina Carano en Haywire, minutos antes de darse amor mutuamente
Quizá sea aquí el único nombre falto de fama el de la protagonista, Gina Carano, la chica mona que aparentemente tendrá que ser rescatada, hasta que los guantazos empiezan a llover y los papeles se invierten. Digna heredera de las películas de acción europeas que ponen un ojo en Hollywood, como las sagas de Transporter o Bourne, Indomable dota de un barniz de realismo a la hostiabilidad empleando como protagonista a una de las mejores luchadoras de campeonatos MMA en su peso, que en sus ratos libres era una de las malvadas contrincantes en el programa Gladiadores Americanos. Arte en movimiento, digno de ser apreciado desde múltiples puntos de vista.
Gina Carano para la revista GQ. No viene a cuento pero me apetecía compartirlo
Poco después se estrenaba Warrior (2011) donde Gavin O’Connor dirigía a Joel Edgerton, Nick Nolte y un Tom Hardy de físico inquietante — apena que fuera casi irreconocible como Bane en el último Batman, viendo el miedo que impone aquí – en la carrera de dos hermanos de una familia disfuncional hasta la final de — mencionado por segunda vez en este artículo — un campeonato de MMA. Pasada completamente desapercibida para el público general, tanto la tensión dramática de la historia familiar como la fuerza estética de los combates en pantalla mantienen un ritmo envidiable hasta el último minuto de película.
Tom Hardy en Warrior
Guantazos BIEN. Cine BIEN. Palomitas BIEN. Hay que disfrutar de todas estas pequeñas grandes cosas de la vida.
Publicado por Iván Alonso, el Viernes 23 de noviembre de 2012
En Monsters una pareja que no es pareja debe atravesar medio México para volver a la frontera con Estados Unidos, cruzando una amplia zona en cuarentena por invasión alienígena. ¿A quién no le ha pasado algo parecido? No nos dejemos engañar por la presencia de marcianos; es una película pausada, de carácter intimista y con una estética que busca el impacto fotográfico de los grandes escenarios abiertos como herramienta con la que transmitir la inferioridad y soledad de los protagonistas. El componente fantástico es anecdótico en la narración, poco más que el MacGuffin que sirve de hilo conductor. Es, sin embargo, llegado el último minuto de la película cuando una melodía silbada te retrotrae a la primera escena, comprendiendo que no era un comienzo, sino un final. El recuerdo es tan vago que puedes dejarlo estar, teniendo un final abierto, o puedes retroceder el vídeo para comprender el dramatismo del final cerrado ante el que te encuentras.
Monsters (dirigida por Gareth Edwards, 2010)
Similar efecto ha surtido Take Shelter, donde un padre de familia sufre visiones psicóticas que le sumergen en una espiral de locura. Vívidos sueños relacionados con una gran tormenta le impelen a construir un refugio en el jardín trasero de su casa, realimentando su más que posible esquizofrenia. Largos planos que mantienen la tensión de principio a fin, hasta una última escena, de apenas diez segundos, que explica claramente si las visiones eran una enfermedad mental o adelantos de un futuro por venir.
Take Shelter (dirigida por Jeff Nichols, 2011)
En ambos casos, apenas unos instantes convierten un final abierto, una narración con puntos a unir por el espectador, en algo claro, conciso y cerrado. Destruyen la verdadera sensación de completitud en el espectador, la que él mismo se construye, por una artificialidad que deja un vacío, el hueco de los personajes que nos han robado impidiéndonos sacar conclusiones.
Que también está bien, y así el público no se queja de si la peonza de Inception se cae o no.
Publicado por Iván Alonso, el Martes 6 de noviembre de 2012
He tenido a lo largo de los años curiosas conversaciones sobre la que no debiera ser más que una obra menor, olvidable y fácilmente digerible, que es la moderna versión de Alfie de Jude Law. Sin embargo se ha transformado en mi propia e intransferible mitomanía en uno de los clásicos modernos del cine romántico, capaz como ella sola de explicar todo lo importante de la vida y nada a la vez.
Dentro de su neutro costumbrismo, no tiene sentido pensar en ninguna secuencia de presentación, nudo y desenlace, ni cabe razonar quizá si tiene un buen final o un mal final. Sólo ha sido otro año más para Alfie. Quizá sólo con ese pensamiento se puedan explicar todos los misterios de la existencia.
He recordado esta película, sin embargo, no por la obra en sí, sino por su versión original para cines, de 1966, protagonizada por un Michael Caine en sus buenos viejos tiempos. Ha envejecido mucho mejor de lo que esperaba en sus apartados técnicos, con los mismos guiños y peculiaridades que tiene su versión moderna, sus rupturas de la cuarta pared, y sus encantadores títulos de crédito finales.
Es en lo argumental donde choca. Pese a ser una traslación bastante fiel de la película desde 1966 hasta 2004, la evolución de la moral social y de los usos y costumbres habituales hacen que diferencias en principio sutiles se antojen como mucho más importantes, construyendo un personaje completamente diferente. Quizá imposible de ver hoy como el amable granuja que interpreta Jude Law, Caine se muestra como un tipo incluso desagradable rigiéndonos por los cánones actuales de comportamiento. Se jugaba hace ya más de cuarenta años en pantalla de una forma mucho más descarnada con los conceptos del aborto, el abandono de la prole, la infidelidad y hasta la violencia de género, todo ello desaparecido en la moderna versión, donde sin embargo no extraña ver algún que otro pechote y escenas de cama. Pasamos por el destape en el cine pero si se quiere hacer caja ya no se puede hablar de nada turbio.
Sorprendente ha sido también el distinto comienzo de la película, que sugiere incluso una nueva interpretación de los personajes de Marisa Tomei y el pequeño Max en su versión moderna. Quede quizá como guiño para quien quiera revisitar alguna de las dos películas, y pueda encontrar algo nuevo.
Publicado por Iván Alonso, el Sábado 20 de octubre de 2012
Tanto tiempo como seis años han pasado desde que la viera estrenarse en cines, y casi un lustro desde que la comprara en un dvd que ha descansado el sueño de los justos en una estantería olvidada. Vamos, que ni recordaba que la tenía. Soy temeroso de intentar relecturas de las desgracias de reseñas que vine haciendo durante los primeros años de este blog, tan incapaz de articular cualquier argumento complejo como un comentarista de algún periódico deportivo, pero no por ello voy a dejar de tirar de hemeroteca para recordar lo que me pareció en su momento. Parece ser que me gustó.
Con seis años más de bagaje cultural el histrionismo de Jack Nicholson no me parece ya tan exacerbado, y no caeré de nuevo en la comparación fácil entre los protagonistas; veo interesantes matices también en los personajes de Matt Damon y Mark Wahlberg, quien no en vano se llevó una nominación al Oscar a mejor actor secundario — en conjunto finalmente ganaron cuatro, incluyendo mejor director y película –. Su principal argumento a favor sigue siendo la excepcional forma de mantener la tensión dramática hasta su explosivo final, difícil de conseguir teniendo en cuenta lo largo del metraje.
Quizá no se encuentre entre las obras cumbre de su género, pero se atreve a llamar a la puerta en la fiesta donde se encuentran Casino y Goodfellas; necesita que pasen aún unos años más para que la historia decida dónde colocarla.
Publicado por Iván Alonso, el Jueves 18 de octubre de 2012
Ghost in the Shell es quizá la más conocida de las obras del japonés Masamune Shirow, creada originalmente en forma de tebeo allá por 1989, lo que viene a ser la prehistoria de los paradigmas del entretenimiento capitalista moderno, y tuvo al menos dos continuaciones en papel, con los subtítulos Man-machine interface y Human-error processor. Soy sincero si admito que su lectura no me pareció fácil en su momento, pero era joven y estúpido, y cualquier cosa levemente compleja habría planteado dificultades. La juventud (sobre todo) y la ignorancia (a veces) se curan con el tiempo, y quizás ahora les dé una relectura y descubra cosas nuevas. Recuerdo haber escrito un artículo para el ya extinto portal de literatura fantástica cyberdark.net acerca de las obras de este autor… pero miedo me da leerlo a estas alturas. Yo lo enlazo y cada uno que decida lo que crea conveniente.
Boma, Ishikawa, Batou, Motoko Kusanagi, Togusa, Saito y Paz, los protagonistas de Ghost in the Shell
Como mandan los cánones, Ghost in the Shell ha tenido adaptaciones al cine (de animación) en forma de dos grandes películas escritas y dirigidas por el especialista en ciencia ficción Mamoru Oshii – No sé si he quedado lo suficientemente esnob sacando a la palestra a un director japonés de género fantástico, pero mientras dudáis me atreveré a recomendar Avalon, otra obra suya mezcla bizarra de imagen real y cgi –. Como punto de acercamiento, podéis aprovechar que en 2008 se remasterizó la primera película y se rehicieron todos sus efectos computerizados, en lo que se tituló Ghost in the Shell 2.0.
En paralelo, ya basadas en argumentos originales, se crearon las dos temporadas de serie de animación realizadas por Production I.G., auténticos especialistas en su campo, con el título de Ghost in The Shell: Stand Alone Complex. Nuevamente con un argumento de Oshii, es aquí donde el metraje proporciona tiempo suficiente para desarrollar tramas más adecuadas a los conceptos abstractos que componen el trasfondo de esta franquicia multimedia.
Aquí Ghost in the Shell se muestra en toda su grandeza como la espléndida mezcla de género negro y ciencia ficción hard que es, en una sociedad cuyo desarrollo tecnológico bordea por fin el punto de la singularidad. Dos temporadas que engloban los casos de “El hombre que ríe” y “Los 11 individuales“, además de capítulos aislados, intercalados entre las tramas, que exploran facetas concretas del presente y pasado de los distintos personajes. He tenido la oportunidad de darles un revisionado durante las últimas semanas y no deberían faltar en la videoteca de cualquier aficionado a la ciencia-ficción.
Ambas temporadas han sido adaptadas de forma resumida a dos OVAs/películas (que no recuerdo haber visto en España), y existe una tercera titulada Solid State Society de la que he perdido las esperanzas de que llegue a nuestras tierras, y debe ser obtenida por otras fuentes.
Mientras esperamos el siguiente paso en el desarrollo de esta franquicia, podemos entretenernos con entradas de la wikipedia, como esta sobre la filosofía detrás de Ghost in the Shell, o podemos rezar para que no llegue a realizarse una película de imagen real, cuyos derechos tiene Dreamworks desde 2008.
Esta es la página personal de Iván Alonso. Si nos conocemos quizá haya sido con el nombre de Folken (muds varios, cYbErDaRk.NeT), Ddraencara (XBox Live o World of Warcraft por ejemplo) o, desde hace ya tiempo, Neverbot, el nick más habitual que utilizo. Así puedes encontrarme en Twitter, Foursquare, Instagram, Tumblr, y en muchos otros servicios. También puedes localizarme en LinkedIn (red profesional) o Facebook (no profesional), ver mis fotos en Flickr o mis favoritos en del.icio.us. Muchos lugares y muy poco tiempo…
Peter Steiner en The New Yorker, 5 de julio de 1993
Si quieres ponerte en contacto conmigo para cualquier tema, mándame un email a neverbot arroba neverbot punto com.