Leo en escolar.net el post titulado ‘Esperanza Aguirre: “Yo destapé el caso Gürtel”‘:
“Yo me siento especialmente satisfecha de haber sido, creo que en una parte muy importante, la causante de que este caso se destapara, cuando me opuse a que se vendiera con beneficio para el señor Correa y el resto de los miembros presuntos de esta trama por menos de la mitad de su precio una parcela en Majadahonda. Ahí se destapó todo esto”
Esperanza Aguirre, presidenta del Gobierno de Madrid que dio 367 contratos públicos a dedo a la trama corrupta, de los que sólo tres se adjudicaron por concurso; presidenta del PP de Madrid, que es la organización regional del PP que más imputados tiene en la trama; presidenta de un grupo parlamentario del PP en la Asamblea de Madrid donde tres diputados, incluído el ex consejero de Deportes, han formado el grupo Gürtel, de imputados con escaño; máxima responsable de un Gobierno que gastó 2,2 millones de euros en dos misteriosas campañas de publicidad de las que nadie nunca supo con un proveedor de la Gürtel en la víspera de las elecciones autonómicas de 2007; candidata electoral patrocinada por Fundescam; presidenta de Fundescam cuando esta fundación pagó a Special Events, en 2005, unas facturillas pendientes.
Si esta situación no acaba con la dominación de Esperanza Aguirre en Madrid (me da igual que sea con imputación, condena o dimisión voluntaria), voy a tener que considerar seriamente largarme de aquí. La vida política y judicial de este país generalmente da bastante vergüenza ajena, de la sonrojante de la que se queja esa misma clase política cuando dice estar mal vista… pero los temas actuales van a resultar en el espaldarazo definitivo para que toda la población cambie la vergüenza por vergüenzón.
Mi apuesta es que ni Camps ni Aguirre se verán afectados en lo más mínimo. Y en paralelo Garzón se apuntará en el Inem. Y entonces será el momento de pedir el estatus de refugiado político a las Naciones Unidas. La razón será que me persigue la vergüenza.