Este tema es bastante más complicado de lo que parece, porque es un país con una demografía fuera de lo común: el 50% de los iraníes tienen menos de 25 años. Una parte del país, los partidarios de Ahmadinejad, tienen impuesto un bloqueo informativo como hace tiempo que no se veía [*], y la escasa información que sale del país es a partir de redes 2.0, blogs, twits y similares [**]. El resto de la población, los partidarios de Mousavi, son los que principalmente están sacando la información, y los que están protestando y argumentando un tongo monumental en las recientes elecciones.
El problema es que unos resultados con un 95% de participación son difíciles (pero no imposibles) tanto de falsificar como de impugnar. En esa votación el 63% votó a Ahmadinejad y el 34% a Mousavi.
Si hay un tongo, desde luego ha tenido que ser enorme, afectando a todo el país. Las informaciones que salen al extranjero así parecen indicarlo pero, por otra parte, la gente que utiliza los medios que proporcionan ahora la información están mucho más en la línea reformista (internet, jóvenes, partidarios de Mousavi). Si las elecciones han sido legítimas, habría más de un 60% de la población que se estaría enfrentando casi a una guerra civil… ¿A quién creer?
Por mi parte, siempre he tenido claro que, cuando ves a alguien pequeño pelear contra alguien grande, a un David contra un Goliat, generalmente el pequeño suele tener razón.
Mientras tanto, en el internet que sirve ahora de medio de información para el planeta, los avatares de twitter, facebook, e incluso videojuegos, y los logotipos de algunas compañías se están coloreando en verde para apoyar el concepto vago de “ayudar a Irán”. Quizá unas segundas elecciones con supervisión internacional servirían para apaciguar los ánimos, pero los estados soberanos no suelen estar por las supervisiones de terceros.
Si me veis de color verde en twitter o facebook ya sabéis por qué es.
[*] Aunque por lo visto si a un chino le enseñas la foto de la plaza de Tian’anmen no sabe reconocer ni de qué país es.
[**] Sigo en mi línea de que este tipo de cosas demuestran cada día más que el periodismo clásico está tremendamente sobreestimado.
